MEDIO ORIENTE
LOS MONSTRUOS
Y LA CONDICIÓN HUMANA
El genocidio de Gaza es una monstruosidad/SERVICIOS ESPECIALES
En la política contemporánea, pocas figuras encarnan con tanta crudeza la tensión entre poder y humanidad como Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional de Israel.
EL MONSTRUO POLÍTICO
El término “monstruo” no describe aquí una criatura fantástica, sino una construcción política. Ben-Gvir, con su historial de declaraciones incendiarias y su cercanía a movimientos extremistas, se convierte en símbolo de cómo la democracia puede albergar y promover actores que erosionan sus propios fundamentos. El monstruo no nace fuera del sistema: emerge desde dentro, alimentado por el fascismo.
LA DESHUMANIZACIÓN
La estrategia es clara: convertir al “otro” en enemigo absoluto. En este caso, los palestinos son reducidos a una amenaza existencial, invisibilizando su condición humana. La deshumanización no es un accidente, sino un mecanismo político que permite justificar políticas de seguridad extremas y legitimar la violencia.
LA CONDICIÓN HUMANA
La paradoja es brutal: la misma humanidad que crea instituciones para proteger la dignidad es capaz de producir líderes que la niegan. La condición humana se revela como un campo de batalla entre justicia y barbarie, entre la aspiración a la convivencia y la tentación de la exclusión. Ben-Gvir es un recordatorio de que el monstruo no es ajeno a nosotros: es un espejo de lo que la sociedad tolera, legitima o incluso celebra. Netanyahu, su guia, su tutor, camina a su lado, asesinando inocentes.
La historia está llena de ejemplos: líderes que, bajo la bandera de la seguridad o la identidad nacional, instauraron regímenes genocidas. El monstruo político es siempre humano, y su poder depende de la complicidad colectiva. La lección es incómoda: no basta con señalar al monstruo, hay que interrogar a la sociedad que lo alimenta.
