EL MUNDO
PALANTIR, LOS ALCANCES
DE UN TECNOFASCISMO EMERGENTE
En el corazón de Silicon Valley, Palantir ha dejado de ser únicamente una empresa de software para convertirse en un actor político y militar. Su manifiesto de 22 puntos, publicado en 2026, no es un simple documento corporativo: es la declaración de una ideología que mezcla tecnología, poder militar y un proyecto cultural de corte autoritario.
LOS ALCANCES TECNOFASCISTAS
Militarización de la IA: Palantir propone sustituir la disuasión nuclear por sistemas de inteligencia artificial, convirtiendo el software en arma estratégica.
Servicio militar obligatorio: plantea que todo ciudadano debe servir en las fuerzas armadas, reforzando una visión de disciplina y control social.
Supremacía cultural: rechaza el pluralismo y el relativismo, calificando a ciertas culturas como “disfuncionales” y defendiendo la hegemonía occidental.
Silicon Valley como Estado: impulsa la idea de una “república tecnológica” donde las corporaciones tecnológicas asumen funciones de gobierno y seguridad.
Religión y poder: denuncia la intolerancia hacia las creencias religiosas, pero lo hace desde un marco que busca legitimar un orden moral único.
NARRATIVA DE PODER
El discurso de Palantir recuerda a los manifiestos de los regímenes totalitarios del siglo XX, pero con un giro contemporáneo: la tecnología como herramienta de control absoluto. El tecnofascismo que emerge no se basa en la fuerza bruta de tanques y fusiles, sino en algoritmos capaces de vigilar, predecir y decidir.
IMPACTO GLOBAL
En la política internacional: su alianza con el Pentágono y su participación en operaciones militares recientes muestran que Palantir ya no es un actor secundario, sino parte del núcleo de poder.
En la cultura: su rechazo al pluralismo amenaza con imponer una narrativa única, donde la diversidad se percibe como debilidad.
En la sociedad: la promesa de resolver el crimen y el desorden mediante software abre la puerta a un control social sin precedentes.
ROSTRO DE UN NUEVO AUTORITARISMO
Palantir encarna el rostro de un nuevo autoritarismo: no el del caudillo con uniforme, sino el del algoritmo que decide quién es aliado, quién es enemigo y qué culturas merecen sobrevivir. Su manifiesto es un recordatorio de que el futuro no solo se disputa en urnas o campos de batalla, sino en los servidores y códigos que definen la vida cotidiana.
En la política internacional: su alianza con el Pentágono y su participación en operaciones militares recientes muestran que Palantir ya no es un actor secundario, sino parte del núcleo de poder.

