COLOMBIA
ABELARDO CELEBRA LA MUERTE
ENTRE CADÁVERES
CADÁVERES
COMO ESPECTÁCULO Y CELEBRACIÓN
El reciente bombardeo contra las disidencias de las FARC lideradas por Iván Mordisco volvió a poner a Colombia en el centro de un debate incómodo: la exposición pública de cadáveres como trofeos de guerra y la celebración de la muerte como si fuera un triunfo político.
ESTILO PROVOCADOR E INHUMANO
El Presidente de Colombia Abelardo de la Espriella, conocido por su estilo provocador e inhumano, y su cercanía con sectores de poder ultraderechista, se convirtió en símbolo de esta narrativa al celebrar públicamente la operación militar ante cuerpos de guerrileros sin vida. La escena, más que un gesto aislado, refleja una cultura política que convierte la violencia en espectáculo y la tragedia en propaganda.
EL TRASFONDO ESTRATÉGICO
El bombardeo contra las disidencias de Mordisco se inscribe en la política de seguridad del Estado colombiano, que busca golpear militarmente a los grupos armados residuales. Sin embargo, la forma en que se comunica —con cadáveres expuestos y celebraciones mediáticas— abre un debate sobre la ética en la guerra y la instrumentalización del dolor.
NIÑOS, VÍCTIMAS DEL BOMBARDEO
En el departamento del Guaviare, el operativo militar dirigido contra el campamento del Frente Carolina Ramírez de las disidencias de las FARC, el Instituto Nacional de Medicina Legal confirmó el fallecimiento de tres menores de edad.
LA DIMENSIÓN INTERNACIONAL
En el plano global, estas imágenes proyectan una Colombia atrapada en la paradoja: un Estado que busca legitimidad en la lucha contra los disidentes, pero que al mismo tiempo exhibe prácticas que erosionan su imagen democrática. Para la comunidad internacional, la celebración de la muerte entre cadáveres no es un signo de victoria, sino de degradación cultural y política.
El conflicto armado en Colombia no solo enfrenta a disidencias armadas contra el Estado, sino que expone a la infancia como víctima recurrente. Abelardo convierte a los cadáveres en espectáculo y la muerte en motivo de júbilo, lo que es condenable desde cualquier punto de vista.