ITALIA
ROMA
1890
ALEMANIA
ADIÓS A ALEXANDER KLUGE, ESCRITOR
Y CINEASTA CON PENSAMIENTO CRÍTICO
El miércoles 25 de marzo murió el escritor y gran director de cine alemán Alexander Kugle a los 94 años, y con él se apagó una de las últimas voces que defendían el cine como pensamiento crítico. Su desaparición no solo marca el fin de un director: señala la derrota de una forma de entender el arte frente a la maquinaria del entretenimiento global.
Kluge nunca aceptó que el cine fuera simple mercancía. Sus películas —fragmentarias, incómodas, ensayísticas— fueron un desafío a la narrativa complaciente. Abschied von Gestern y Die Patriotin no buscaban taquilla, buscaban conciencia. Su cámara era un arma contra el olvido y la alienación.
Hoy, la industria cinematográfica está dominada por plataformas, algoritmos y franquicias. Frente a esa lógica, Kluge representaba otra posibilidad: el cine como espacio de disenso, como laboratorio de ideas. Su muerte desnuda la distancia entre la utopía del Nuevo Cine Alemán y la realidad de un mercado que devora todo.
Diversidad de voces: Kluge defendió un cine coral, donde múltiples perspectivas se cruzaban.
Memoria histórica: sus obras fueron un espejo crítico de la Alemania posguerra.
Intelectualidad combativa: su cine fue ensayo, filosofía y política, no entretenimiento.
ESTADOS UNIDOS
LA LUNA
COMO ESCENARIO DEL PODER
El regreso humano a la órbita lunar con Artemis II se presenta como un triunfo científico. Pero bajo la retórica de diversidad y cooperación, late la vieja lógica imperial: la conquista del espacio como extensión de la hegemonía terrestre. La ciencia, aquí, no es neutral; es instrumento de poder.
La selección de astronautas es un gesto calculado:
Una mujer, un afroamericano, un canadiense.
El cohete SLS y la nave Orion son presentados como avances científicos. En realidad, son también armas simbólicas: recordatorios de que Estados Unidos sigue marcando la frontera tecnológica. La Luna no es solo laboratorio, es territorio de prestigio y control. Cada órbita de Artemis II reafirma una jerarquía global.
El discurso oficial habla de sostenibilidad y cooperación. Pero la pregunta es inevitable: ¿quién se beneficiará de los recursos lunares? ¿Se abrirá un espacio de ciencia compartida o un nuevo mercado de extracción y militarización? La Luna corre el riesgo de convertirse en un nuevo escenario de desigualdad, donde unos pocos países y corporaciones deciden el futuro de todos.