PORTUGAL
PÚBLICO
GENOCIDIO DE GAZA
LA HORCA
COMO POLÍTICA DE ESTADO
EL SIONISMO INSTITUCIONALIZA
LA MUERTE SOLO PARA PALESTINOS
En un gesto que desnuda la arquitectura del apartheid jurídico, el Parlamento israelí aprobó una ley que restablece la pena de muerte, pero no como medida universal: se aplicará únicamente a palestinos condenados por matar israelíes. El método elegido, la horca, evoca un pasado de ejecuciones públicas y disciplinarias, pero aquí se convierte en herramienta de control colonial.
Discriminación explícita: la ley no se aplica a israelíes, solo a palestinos.
Tribunales militares: obligados a imponer la pena capital, reforzando la lógica de ocupación.
Celebración política: Ben-Gvir brindó tras la aprobación, como si la institucionalización de la horca fuera motivo de orgullo nacional.
Este no es un acto aislado, sino parte de una estrategia más amplia: transformar el aparato legal en un mecanismo de represión sistemática. La horca se convierte en símbolo de soberanía sobre cuerpos palestinos, un recordatorio de que la ocupación no solo controla territorios, sino también la vida y la muerte.
La comunidad internacional observa con alarma. Organizaciones de derechos humanos denuncian la medida como un paso hacia ejecuciones masivas legitimadas por ley. La Autoridad Palestina la califica de “legalización de asesinatos extrajudiciales”. En un mundo donde la pena de muerte tiende a desaparecer, Israel la resucita selectivamente, como herramienta de guerra política.
la ley es un acto de violencia institucional. La horca, reinstalada en el código penal, no es justicia, es castigo colectivo. Israel no está legislando contra el crimen, está legislando contra un pueblo. La pena de muerte exclusiva para palestinos es la cristalización de un apartheid legal que convierte la ocupación en sentencia. En la historia de los pueblos sometidos, las leyes discriminatorias han sido siempre el preludio de la barbarie. Hoy, Israel escribe una página oscura que no puede ser leída como política de seguridad, sino como política de exterminio jurídico.
Organizaciones de derechos humanos denuncian la medida como un paso hacia ejecuciones masivas legitimadas por ley. La Autoridad Palestina la califica de “legalización de asesinatos extrajudiciales”.
ESPAÑA
LA LUCHA POR LA LIBERTAD
Y EL CALVARIO DE MIGUEL HERNÁNDEZ
En la historia de la literatura española, pocos nombres evocan tanto dolor y dignidad como el de Miguel Hernández. Su vida fue un viacrucis marcado por la pobreza, la guerra y la represión, pero también por una fuerza poética que convirtió el sufrimiento en canto.
MILITANTE REPUBLICANO
Nació en Orihuela el 30 de otubre en 1910, hijo de un pastor de cabras, Hernández se abrió paso en el mundo literario con una voz campesina y universal. Su poesía, primero impregnada de misticismo y naturaleza, se transformó con la Guerra Civil en un arma de resistencia. Militante republicano, escribió versos de combate y esperanza, convencido de que la palabra podía ser un refugio y un grito.
EL FRANQUISMO
LO QUEBRÓ FÍSICAMENTE
El final de la guerra lo condenó a un calvario personal: persecución, juicios, cárceles y enfermedades. Condenado a muerte, la pena fue conmutada, pero las prisiones franquistas lo quebraron físicamente. Tuberculosis, hambre y abandono lo llevaron a morir en 1942, con apenas 31 años el 28 de marzo de 1942 en la prisión de Alicante, afectado por la tuberculosis. En ese tiempo dejó obras inmortales como El rayo que no cesa o las desgarradoras Nanas de la cebolla, escritas para su hijo desde la cárcel.
SÍMBOLO DE POETA MÁRTIR
POR LA LIBERTAD
Su figura se convirtió en símbolo del poeta mártir, del hombre que encarna la tragedia de una generación silenciada. El calvario de Miguel Hernández no fue en vano: su voz sigue viva, recordándonos que la poesía puede ser resistencia, ternura y memoria.
PARA LA LIBERTAD
Para la libertad sangro, lucho, pervivo
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generosos y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mis pechos: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro entre los algodones
como en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.
ALEMANIA
ADIÓS A ALEXANDER KLUGE, ESCRITOR
Y CINEASTA CON PENSAMIENTO CRÍTICO
El miércoles 25 de marzo murió el escritor y gran director de cine alemán Alexander Kugle a los 94 años, y con él se apagó una de las últimas voces que defendían el cine como pensamiento crítico. Su desaparición no solo marca el fin de un director: señala la derrota de una forma de entender el arte frente a la maquinaria del entretenimiento global.
Kluge nunca aceptó que el cine fuera simple mercancía. Sus películas —fragmentarias, incómodas, ensayísticas— fueron un desafío a la narrativa complaciente. Abschied von Gestern y Die Patriotin no buscaban taquilla, buscaban conciencia. Su cámara era un arma contra el olvido y la alienación.
Hoy, la industria cinematográfica está dominada por plataformas, algoritmos y franquicias. Frente a esa lógica, Kluge representaba otra posibilidad: el cine como espacio de disenso, como laboratorio de ideas. Su muerte desnuda la distancia entre la utopía del Nuevo Cine Alemán y la realidad de un mercado que devora todo.
Diversidad de voces: Kluge defendió un cine coral, donde múltiples perspectivas se cruzaban.
Memoria histórica: sus obras fueron un espejo crítico de la Alemania posguerra.
Intelectualidad combativa: su cine fue ensayo, filosofía y política, no entretenimiento.
ESTADOS UNIDOS
LA LUNA
COMO ESCENARIO DEL PODER
El regreso humano a la órbita lunar con Artemis II se presenta como un triunfo científico. Pero bajo la retórica de diversidad y cooperación, late la vieja lógica imperial: la conquista del espacio como extensión de la hegemonía terrestre. La ciencia, aquí, no es neutral; es instrumento de poder.
La selección de astronautas es un gesto calculado:
Una mujer, un afroamericano, un canadiense.
El cohete SLS y la nave Orion son presentados como avances científicos. En realidad, son también armas simbólicas: recordatorios de que Estados Unidos sigue marcando la frontera tecnológica. La Luna no es solo laboratorio, es territorio de prestigio y control. Cada órbita de Artemis II reafirma una jerarquía global.
El discurso oficial habla de sostenibilidad y cooperación. Pero la pregunta es inevitable: ¿quién se beneficiará de los recursos lunares? ¿Se abrirá un espacio de ciencia compartida o un nuevo mercado de extracción y militarización? La Luna corre el riesgo de convertirse en un nuevo escenario de desigualdad, donde unos pocos países y corporaciones deciden el futuro de todos.