ARGENTINA
PÁGINA 12
MÉXICO
EL MENCHO, EL IMPERIO
QUE LA CORRUPCIÓN DEJÓ CRECER
La madrugada del domingo 22 de febrero de 2026, en las montañas de Tapalpa, Jalisco, cayó Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho. El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), considerado el narcotraficante más poderoso del mundo, fue abatido en un operativo federal. Pero su muerte no borra la historia de cómo las instituciones mexicanas, corroídas por la corrupción, permitieron que su poder se extendiera como una sombra sobre el país.
El CJNG no solo traficaba drogas: imponía su ley en comunidades enteras. Bloqueos, incendios y ataques a fuerzas de seguridad eran su forma de demostrar que el Estado no mandaba. Cada operativo fallido reforzaba la idea de que había manos dentro del gobierno que preferían mantenerlo vivo, porque su caída podía arrastrar secretos incómodos.
La historia de El Mencho no es solo la de un capo. Es la de un país donde la corrupción permitió que un hombre levantara un imperio criminal capaz de desafiar al Estado. Su muerte es un símbolo, pero también un recordatorio: mientras las instituciones sigan siendo vulnerables al dinero y al miedo, nuevos nombres ocuparán el lugar que él dejó vacío.
EL MUNDO
LA UNIÓN AFRICANA PIDE
EL FIN DEL GENOCIDIO DE GAZA
En Adís Abeba, bajo los techos solemnes de la sede de la Unión Africana (UA), resonó una voz colectiva que recordó al mundo que África no es un continente mudo frente a las tragedias globales. Allí, los líderes africanos denunciaron con palabras duras —“exterminio”, “genocidio”— la violencia en Gaza, devolviendo a Palestina al corazón del debate internacional.
África conoce demasiado bien el peso de la colonización, el despojo y la violencia estructural. Por eso, cuando sus dirigentes hablan de Palestina, no lo hacen desde la distancia, sino desde una memoria que reconoce las huellas del sufrimiento. La solidaridad africana con Palestina no es solo diplomática: es un espejo en el que se reflejan las propias cicatrices históricas del continente.
El presidente de la Comisión de la UA, Mahmoud Ali Youssouf, exigió el fin del genocidio en Gaza, marcando un tono más firme que en declaraciones anteriores.
La cumbre respaldó la plena membresía palestina en la ONU, como símbolo de dignidad y reconocimiento internacional.
Mahmoud Abbas, presente en la reunión, pidió apoyo para un alto el fuego sostenible y denunció los obstáculos impuestos por Israel.
En un escenario internacional donde las grandes potencias suelen monopolizar la narrativa, África busca reposicionarse como actor moral. Su declaración no solo interpela a Israel, sino también a la comunidad internacional, recordándole que el silencio frente a la injusticia es complicidad.
VOZ QUE EXIGE JUSTICIA UNIVERSAL
El continente, tantas veces relegado a los márgenes de la política global, se levanta ahora como voz que exige justicia universal. En su reclamo por Palestina, África también reclama respeto para sí misma: respeto a su historia, a su dignidad y a su capacidad de influir en el rumbo del mundo.
ESTADOS UNIDOS
TRUMP Y SUS ARANCELES
DEL CIRCO ECONÓMICO
AL IMPUESTO PLANETARIO
Donald Trump creyó que podía gobernar el comercio mundial como si fuera su reality show. Primero, disfrazó impuestos de “protección nacional” y los impuso bajo una ley de emergencias como si fueran caramelos en campaña. La Suprema Corte de Estados Unidos le bajó el telón: le recordó que la Constitución no es un accesorio decorativo y que los impuestos no se imponen por capricho presidencial, sino que deben ser aprobados por el Congreso.
NUEVO ARANCEL GLOBAL DEL 10 POR CIENTO
Pero fiel a su estilo, Trump no se retiró del escenario. Al contrario: anunció un arancel global del 10%, respaldado en la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974: esta disposición otorga al presidente la facultad de imponer restricciones temporales a las importaciones, incluyendo aranceles de hasta el 15%, sin necesidad de aprobación previa del Congreso. Sí, global. Como si pudiera cobrarle al planeta entero por el privilegio de comerciar con Estados Unidos. Es la versión económica de “si no me dejan jugar con mis reglas, invento otras”.
Sus tarifas anteriores ya habían sembrado caos en los mercados, irritando a México y a Europa, y enredado cadenas de suministro. Ahora, con el nuevo arancel universal, Trump pretende que el mundo entero pague entrada para ver su espectáculo populista. El problema es que los socios comerciales no son público cautivo: pueden responder, y lo harán.
La Corte lo frenó con un fallo de 6 a 3, dejando en el aire más de 134 mil millones de dólares recaudados. Y mientras los abogados discuten devoluciones, Trump lanza su nuevo truco: un impuesto planetario del 10%. Es como si un mago fracasara en su acto y, en lugar de admitirlo, sacara un conejo más grande del sombrero… aunque el conejo esté muerto.
El discurso de “defender la soberanía” se derrumba cuando se construye sobre la violación de la Constitución. Trump quiso ser el sheriff del comercio mundial, pero terminó como el payaso de un circo económico: mucho ruido, poca sustancia y un final ridículo.
Los datos oficiales hablan de 49,000 muertos. The Lancet calcula más de 83,000 confirmados y advierte que la cifra real se acerca a los 125,000. Esta diferencia no es casual: es el resultado de una estrategia deliberada para minimizar la magnitud de la tragedia.
Negar las cifras es negar la existencia de las víctimas.
Reducir el conteo es reducir la responsabilidad política y moral.
La manipulación de los números se convierte en un arma tan poderosa como los misiles: invisibiliza, borra, justifica.
Contar muertos es un acto político. Es negarse a aceptar que las víctimas sean reducidas a estadísticas. Es recordar que detrás de cada cifra hay una vida truncada, una familia destruida, una historia borrada. The Lancet nos recuerda que la memoria es resistencia, y que invisibilizar a los muertos es perpetuar la violencia.