PERÚ
JOSÉ JERÍ, EL ROSTRO OSCURO
DE UNA DEMOCRACIA FRACTURADA
FOTO SERVICIOS ESPECIALES
La destitución de Dina Boluarte no fue una victoria de la democracia. Fue, más bien, el último giro en una espiral de inestabilidad que ha convertido a la presidencia del Perú en una silla giratoria de escándalos, vacancias y oportunismo. En su lugar, el Congreso colocó a José Jerí, un político joven en edad, pero viejo en mañas. Su llegada al poder no representa un nuevo comienzo, sino la confirmación de que el sistema político peruano ha normalizado lo inaceptable.
UN HISTORIAL QUE NO RESISTE EL ESCRUTINIO
José Jerí, abogado de 38 años y hasta hace poco presidente del Congreso, carga con un pasado que haría temblar a cualquier democracia funcional. Su nombre ha sido vinculado a investigaciones por abuso sexual, tráfico de influencias y desobediencia judicial. A esto se suma un escándalo digital que lo expuso siguiendo decenas de cuentas de contenido sexual en redes sociales, las cuales eliminó solo después de que se hicieran virales.
En cualquier otro país, estos antecedentes serían suficientes para inhabilitar a un político de por vida. En el Perú de hoy, parecen ser requisitos para ascender.
DE CASTILLO A JERÍ: LA DEGRADACIÓN DEL PODER
La caída de Pedro Castillo en 2022, tras su fallido intento de disolver el Congreso, marcó un punto de quiebre. Su sucesora, Dina Boluarte, asumió el poder sin respaldo político ni social, y su mandato se desmoronó entre protestas, represión y una creciente crisis de seguridad. Su destitución por “incapacidad moral permanente” fue impulsada por el mismo Congreso que ahora entroniza a Jerí, sin elecciones ni consulta popular.
La pregunta es inevitable: ¿cómo se pasa de una mandataria sin legitimidad a un jefe de Estado con un prontuario más propio de un expediente judicial que de una hoja de vida?
EL CONGRESO COMO FÁBRICA DE IMPUNIDAD
La elección de Jerí no fue un accidente. Fue una jugada calculada por un Congreso que no busca representar al pueblo, sino blindarse. En lugar de convocar a elecciones inmediatas, prefirió colocar a uno de los suyos, alguien que garantice continuidad, no cambio. La democracia, en este contexto, es apenas un decorado.
UN PAÍS QUE YA NO SE INDIGNA
La ciudadanía peruana, golpeada por años de crisis, parece atrapada entre la resignación y la fatiga. La indignación se ha vuelto efímera, y los escándalos se suceden con tal velocidad que apenas hay tiempo para procesarlos. Jerí lo sabe. Y apuesta por el olvido.
Pero la memoria política no puede depender del algoritmo. Debe ser cultivada, exigida, defendida. Porque si no se recuerda, se repite. Y en el Perú, la repetición se ha convertido en rutina.
José Jerí no es una anomalía. Es el síntoma de un sistema enfermo. Su presidencia interina no es una transición: es una advertencia. La democracia peruana no necesita más parches, necesita cirugía. Y para eso, lo primero es mirar de frente a quienes se benefician del colapso.
Dina Boluarte fue Vicepresidenta con Pedro Castillo, al que traicionó.
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