domingo, 15 de febrero de 2026

 EL MUNDO




FRANCIA Y ALEMANIA 

LANZAN OFENSIVA CONTRA 

FRANCESCA ALBANESE





SERVICIOS ESPECIALES

La reciente ofensiva diplomática de Francia y Alemania contra Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los territorios palestinos, revela mucho más que un simple desacuerdo sobre declaraciones polémicas. Lo que está en juego es la credibilidad misma de los mecanismos de derechos humanos de Naciones Unidas y la capacidad de sus expertos para actuar sin presiones políticas.

EL ORIGEN DE LA CONTROVERSIA

En un foro en Doha, Albanese fue acusada de haber calificado a Israel como “enemigo común de la humanidad”. Ella lo niega categóricamente, denunciando una manipulación de sus palabras. Sin embargo, los gobiernos europeos aprovecharon la ocasión para exigir su salida, alegando que sus comentarios son incompatibles con la imparcialidad que requiere su cargo.

LA PRESIÓN POLÍTICA DISFRAZADA DE ÉTICA

La exigencia de destitución no es un gesto inocente. Francia y Alemania, al igual que Italia y República Checa, buscan desacreditar a una voz incómoda que ha denunciado con firmeza las violaciones de derechos humanos en Gaza y Cisjordania. En lugar de debatir el fondo —los crímenes documentados contra la población palestina—, se intenta silenciar a la mensajera.

LA DEFENSA DE LA INDEPENDENCIA

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha recordado que los relatores especiales actúan de manera independiente y no representan a la organización. Organizaciones como Amnistía Internacional han acusado a los gobiernos europeos de difundir desinformación y de intentar desviar la atención de las atrocidades en curso. Además, sectores académicos y culturales han respondido con cartas de apoyo a Albanese, subrayando su profesionalidad y valentía.

UN PRECEDENTE PELIGROSO

Si las presiones de Francia y Alemania prosperan, se abriría un precedente alarmante: que los Estados puedan vetar a los expertos de la ONU cuando sus informes resulten incómodos. Esto vaciaría de contenido la misión de los relatores especiales y convertiría la defensa de los derechos humanos en un terreno condicionado por intereses geopolíticos.

DEBATE SOBRE EL PODER

La polémica en torno a Francesca Albanese no es un debate sobre palabras, sino sobre poder. La pregunta que debería ocuparnos no es si sus declaraciones fueron “inapropiadas”, sino si estamos dispuestos a permitir que los gobiernos dicten quién puede —y quién no puede— denunciar violaciones de derechos humanos. En ese dilema, lo que se juega es la integridad del sistema internacional de protección de derechos.




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