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La guerra en Gaza ha dejado de ser un conflicto regional para convertirse en una herida abierta en la conciencia global. Según la revista médica británica The Lancet, el número de muertos podría superar los 125,000. No hablamos de estadísticas frías: hablamos de un genocidio del sionismo perpetrado contra el pueblo palestino que se desarrolla ante los ojos de un mundo que calla.
LA POLÍTICA DE LA NEGACIÓN
Los datos oficiales hablan de 49,000 muertos. The Lancet calcula más de 83,000 confirmados y advierte que la cifra real se acerca a los 125,000. Esta diferencia no es casual: es el resultado de una estrategia deliberada para minimizar la magnitud de la tragedia.
Negar las cifras es negar la existencia de las víctimas.
Reducir el conteo es reducir la responsabilidad política y moral.
La manipulación de los números se convierte en un arma tan poderosa como los misiles: invisibiliza, borra, justifica.
EL SILENCIO COMO COMPLICIDAD
CONTAR PARA RESISTIR
Contar muertos es un acto político. Es negarse a aceptar que las víctimas sean reducidas a estadísticas. Es recordar que detrás de cada cifra hay una vida truncada, una familia destruida, una historia borrada. The Lancet nos recuerda que la memoria es resistencia, y que invisibilizar a los muertos es perpetuar la violencia.
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