MÉXICO
EL ABISMO
DE LA DESAPARICIÓN FORZADA
“Lo busco en cada rostro que veo en la calle. En cada cuerpo sin nombre que aparece en las noticias. No puedo enterrarlo, porque no sé si está muerto. No puedo abrazarlo, porque no sé si está vivo. Vivo en un limbo”, dice María, con una voz que se quiebra pero no se rinde.
EL PAÍS DE LOS DESAPARECIDOS
México vive una crisis que no se puede ignorar: más de 130,000 personas han desaparecido en las últimas décadas. La mayoría son jóvenes, muchos son mujeres, y en estados como Jalisco, Tamaulipas y Veracruz, la desaparición se ha vuelto parte del paisaje cotidiano.
Antonio Reynoso fue detenido durante un operativo policial en Tlaquepaque en 2013. Nunca se registró su ingreso a ninguna cárcel. Su madre, Teresa, ha convertido su casa en un archivo viviente: carpetas, mapas, fotografías, cartas. “La policía me dijo que no sabían nada. Pero yo sé que lo tenían. Lo desaparecieron. Y ahora quieren que me calle. Pero no puedo. No quiero morir sin saber dónde está mi hijo”.
LAS BUSCADORAS
En México, son las mujeres quienes han encabezado la búsqueda. Más de 230 colectivas se han formado en todo el país. Madres, hermanas, esposas que se han convertido en investigadoras, excavadoras, defensoras. Enfrentan amenazas, indiferencia institucional y el dolor de revivir la ausencia cada día.
“Nosotras no deberíamos estar buscando en fosas. Deberíamos estar en casa, con nuestros hijos. Pero si no lo hacemos nosotras, nadie lo hará”, dice Leticia, integrante del colectivo Hasta Encontrarles. Su hija, Fernanda, desapareció en 2019 en Iztapalapa, Ciudad de México. “La Fiscalía me dio carpetas, pero no respuestas. Me dieron silencio, pero no justicia”.
MEMORIA Y RESISTENCIA
Cada 30 de agosto, el Día Internacional de las Desapariciones Forzadas, las familias salen a las calles con pancartas, fotografías y gritos que no se apagan. La Glorieta de las y los Desaparecidos en Ciudad de México se ha convertido en un altar colectivo, un espacio donde la ausencia se transforma en lucha.
“No queremos monumentos. Queremos a nuestros hijos de vuelta. Queremos que el Estado nos escuche. Que nos vea. Que nos responda”, dice Teresa, mientras coloca una vela junto al nombre de Antonio.
La desaparición forzada no es solo la ausencia de una persona. Es la presencia constante del dolor, la injusticia y el olvido. Pero también es la fuerza de quienes no se rinden. De quienes buscan, aunque el mundo les diga que no hay nada que encontrar.
LA IMPUNIDAD SE HA INSTITUCIONALIZADO
En un país donde la violencia se ha normalizado y la impunidad se ha institucionalizado, hay una tragedia que se vive en silencio: la desaparición forzada. No aparece en los discursos oficiales con la urgencia que merece, pero sí en los rostros de miles de madres que caminan con fotografías colgadas al pecho, en las fosas clandestinas que se descubren cada semana, y en los colectivos que han convertido el dolor en acción. Hablar de desapariciones forzadas en México no es solo contar cifras, es contar vidas interrumpidas, sueños suspendidos, y una lucha que no se detiene.

No hay comentarios:
Publicar un comentario