MEDIO ORIENTE
GENOCIDIO DE GAZA
LIMPIEZA ÉTNICA
La historia del pueblo palestino no se cuenta solo en cifras, sino en pasos. Pasos que huyen, que buscan refugio, que se repiten generación tras generación. Desde 1948, cuando se proclamó el Estado de Israel, el desplazamiento forzado ha sido una constante en la vida palestina. Lo que comenzó como una promesa de tierra para unos, se convirtió en una pérdida de hogar para otros.
Hoy, Gaza revive los ecos de la Nakba, aquella “catástrofe” que expulsó a más de 800,000 palestinos de sus tierras. El proyecto sionista, en su afán de consolidar un Estado judío, ha estado marcado por asesinatos, políticas de desposesión, colonización y desplazamiento. Lo que en su momento se justificó como necesidad histórica, hoy se traduce en órdenes de evacuación masiva, bombardeos sobre zonas civiles y la concentración de más de un millón de personas en espacios inhabitables. Un genocidio ante los ojos impasibles de la mayor parte de las naciones del mundo
En Rafah, los desplazados se amontonan en tiendas improvisadas. No es la primera vez que huyen. En el camino han dejado cientos de familiares asesinados. Muchos ya fueron expulsados de sus hogares en el norte, luego del colapso de sus barrios bajo fuego. Las órdenes de evacuación, lanzadas desde el cielo en forma de folletos, no ofrecen seguridad ni destino. Solo una elección imposible: huir o morir.
La narrativa sionista habla de seguridad, de operaciones militares. Pero sobre el terreno, lo que se vive es una limpieza étnica sistemática, una estrategia que busca vaciar Gaza de su gente, borrar su historia, reconfigurar su geografía. El desplazamiento no es un efecto colateral: es el objetivo.
Gaza resiste. Con cada niño que juega entre los escombros, con cada madre que ve morir a sus hijos de hambre, con cada anciano que recuerda el olivo que dejó atrás. Porque aunque les quiten la tierra, no pueden quitarles la memoria.

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