domingo, 28 de septiembre de 2025

PALESTINA



RECONOCIMIENTO 

QUE INCOMODA A LOS PODEROSOS





En un mundo que presume defender los derechos humanos, el reconocimiento del Estado de Palestina se ha convertido en una prueba de coherencia política y moral. Más de 150 países han dado el paso, pero las potencias que podrían inclinar la balanza siguen mirando hacia otro lado. ¿Por qué incomoda tanto reconocer a Palestina?


EL RESPALDO GLOBAL... ¿Y EL SILENCIO ESTRATÉGICO?

La mayoría de los países de América Latina, Asia, África y Europa del Este han reconocido a Palestina. No es casualidad: muchos de ellos han vivido procesos de colonización, ocupación o lucha por la autodeterminación. Reconocer a Palestina es, para ellos, un acto de memoria histórica.

Pero en el otro extremo, potencias como Estados Unidos, Alemania, Japón e Italia se resisten. Alegan que el reconocimiento unilateral entorpece el proceso de paz. ¿Paz para quién? ¿Para el ocupante o para el ocupado? La diplomacia selectiva revela una incomodidad profunda: reconocer a Palestina implica cuestionar décadas de complicidad con la ocupación israelí.

NEUTRALIDAD O HIPOCRESÍA

Muchos gobiernos se escudan en la “neutralidad”. Pero la neutralidad frente a una ocupación prolongada no es equilibrio: es omisión. Mientras se condenan invasiones en otras latitudes, se tolera —o incluso se financia— la expansión de asentamientos ilegales en territorio palestino.

EL RECONOCIMIENTO COMO ACTO POLÍTICO  Y MORAL

Reconocer a Palestina no es solo un gesto simbólico. Es una declaración de principios. Es decirle al mundo que los derechos no son negociables, que la autodeterminación no depende del poder militar, y que la justicia no puede esperar a que los poderosos estén cómodos.

¿Y AHORA QUÉ?

El reconocimiento debe ir acompañado de acciones concretas: presión diplomática, sanciones a la ocupación, apoyo a la sociedad civil palestina. Porque si el mundo sigue reconociendo a Palestina en papel, pero ignorando su sufrimiento en la práctica, estaremos perpetuando una farsa diplomática.




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