lunes, 29 de septiembre de 2025

 ESTADOS UNIDOS




ASSATA SHAKUR: 

RESISTENCIA, REPRESIÓN Y EXILIO





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Assata Olugbala Shakur, nacida Joanne Deborah Byron, representa una figura paradigmática en la historia de la resistencia afroamericana en Estados Unidos. Su trayectoria como militante del Partido Pantera Negra y del Ejército de Liberación Negra, su condena judicial y posterior exilio en Cuba, configuran un caso emblemático de represión política racializada.  Analizamos las implicaciones de su persecución por parte del Estado, y el legado que dejó en los movimientos contemporáneos por la justicia racial.


La historia política de Estados Unidos está marcada por tensiones raciales profundas y persistentes. En este marco, Assata Shakur, (1947-2025), emerge como una figura que desafía las narrativas oficiales sobre seguridad nacional, justicia y terrorismo. Su vida y obra permiten examinar cómo el Estado responde a los movimientos de liberación racial y cómo se construyen las categorías de disidencia y criminalidad.

MILITANCIA Y CRIMINALIZACIÓN

Shakur se unió al Partido Pantera Negra en los años 70, una organización que denunciaba la brutalidad policial, el racismo estructural y la explotación capitalista. Posteriormente, se integró al Ejército de Liberación Negra, grupo clandestino que promovía la autodefensa armada frente a la represión estatal.

En 1973, fue arrestada tras un tiroteo en Nueva Jersey que resultó en la muerte de un policía. Aunque las pruebas forenses indicaban que era improbable que ella disparara, fue condenada por asesinato en 1977 por un jurado compuesto exclusivamente por personas blancas. Su caso ha sido ampliamente criticado por organizaciones de derechos humanos como ejemplo de racismo judicial.

EXILIO Y CONFLICTO DIPLOMÁTICO

En 1979, Shakur escapó de prisión con ayuda de militantes del Ejército de Liberación Negra. En 1984, recibió asilo político en Cuba, donde vivió bajo protección del gobierno de Fidel Castro. Su presencia en la isla se convirtió en un punto de fricción diplomática entre Washington y La Habana, especialmente durante los intentos de normalización de relaciones en la era Obama.

En 2013, el FBI la incluyó en su lista de los “terroristas más buscados”, siendo la primera mujer en figurar en ella. Esta designación ha sido cuestionada por académicos y activistas, quienes argumentan que responde más a una lógica de represión política que a una amenaza real para la seguridad nacional.

LEGADO Y RESIGNIFICACIÓN

La autobiografía de Shakur, Assata: An Autobiography (1988), se ha convertido en un texto de referencia para los estudios sobre raza, género y resistencia. En ella, Shakur afirma:

“Defiendo el fin de la explotación capitalista, la abolición de las políticas racistas, la erradicación del sexismo y la eliminación de la represión política.”

Su figura ha sido reivindicada por movimientos como Black Lives Matter, que la consideran un símbolo de lucha contra la violencia estatal y el racismo sistémico. Su muerte en La Habana en septiembre de 2025, a los 78 años, reavivó el debate sobre la criminalización de la disidencia racial en Estados Unidos.

CONCLUSIÓN

Assata Shakur representa una intersección crítica entre raza, género, política y represión estatal. Su historia obliga a repensar las categorías de “terrorismo” y “seguridad” desde una perspectiva crítica, y a reconocer cómo el Estado puede utilizar el aparato judicial y policial para silenciar voces disidentes. Su legado continúa inspirando luchas por justicia social en el siglo XXI.





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