martes, 21 de octubre de 2025

COLOMBIA

UN SISTEMA JUDICIAL CÓMPLICE




URIBE 

Y LA IMPUNIDAD COMO NORMA





FOTO SERVICIOS ESPECIALES

En Colombia, la justicia parece tener dos velocidades: una para los ciudadanos comunes y otra para quienes ostentan poder. El caso de Álvaro Uribe Vélez, expresidente y figura dominante del uribismo, ha sido durante años el epicentro de esta paradoja. A pesar de múltiples investigaciones por presuntos vínculos con el paramilitarismo, manipulación de testigos y corrupción, Uribe nunca ha sido condenado en firme. Para muchos, esto no es una coincidencia: es el síntoma de una justicia que ha sido domesticada por el poder.

LA JUSTICIA COMO ESPECTÁCULO

El sistema judicial colombiano ha demostrado ser hábil en la teatralización de procesos contra figuras públicas. Las audiencias se transmiten, los titulares se multiplican, pero las condenas nunca llegan. En el caso Uribe, los procesos se dilatan, los testigos se retractan, y las pruebas se desvanecen en el laberinto de tecnicismos jurídicos. La reciente absolución por parte del Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una condena por soborno y fraude procesal, fue recibida por muchos como una confirmación de que la justicia no es ciega, sino miope ante el poder.

NARRATIVAS QUE BLINDAN

Uribe ha sabido construir una narrativa eficaz: la del líder perseguido por una izquierda vengativa y una justicia politizada. Esta estrategia le ha permitido movilizar a sus seguidores, deslegitimar a las instituciones y convertir cada proceso judicial en una batalla ideológica. En este contexto, la verdad jurídica queda subordinada al discurso político, y la justicia se convierte en un campo de guerra simbólica.

EROSIÓN DEMOCRÁTICA

La impunidad no es solo un problema legal; es una amenaza estructural para la democracia. Cuando los poderosos evaden consecuencias, se envía un mensaje devastador: la ley no es igual para todos. Esto alimenta la desconfianza ciudadana, debilita el contrato social y normaliza el abuso de poder. En Colombia, la justicia no solo tarda, sino que muchas veces no llega.

URIBE NO ES EL ÚNICO IMPUNE

El caso Uribe no es un episodio aislado, sino parte de un patrón más amplio de impunidad institucionalizada. Si el país aspira a una democracia sólida, necesita una justicia independiente, valiente y capaz de enfrentar al poder sin temblar. De lo contrario, seguirá siendo rehén de sus élites, y la justicia seguirá siendo una promesa incumplida.





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