jueves, 30 de octubre de 2025

 BRASIL




RÍO DE JANEIRO, MASACRE 

Y MENSAJE POLÍTICO A LULA





FOTO SERVICIOS ESPECIALES


 Cuerpos amontonados en las favelas. Fusiles de guerra en manos de civiles. 132 muertos. Y un gobernador bolsonarista que sonríe frente a las cámaras mientras llama “éxito” a la operación más letal en la historia de Brasil. ¿Qué está pasando realmente en Río de Janeiro?

EL CRIMEN ORGANIZADO, EXCUSA

La narrativa oficial es clara: el Comando Vermelho debía ser desmantelado. Pero lo que ocurrió fue una carnicería. Testimonios hablan de ejecuciones sumarias, torturas, y cuerpos desaparecidos. ¿De verdad se trató de una operación legítima? Fue una demostración de fuerza para marcar territorio político.

CLAUDIO CASTRO, EL SHERIFF BOLSONARISTA

El gobernador de Río, Cláudio Castro, no solo ordenó la operación: la celebró. Sin consultar al gobierno federal, lanzó un operativo militarizado que dejó más muertos que cualquier enfrentamiento con el narcotráfico en la última década. ¿Casualidad? Difícil de creer. Castro responde a una lógica: mostrar que la “mano dura” sigue viva, que el bolsonarismo no ha muerto, y que Lula es débil.

REACCIÓN DE LULA

El presidente Lula da Silva quedó en una posición incómoda. Si condena la masacre, lo acusan de proteger criminales. Si la respalda, traiciona a su base progresista. La masacre es una prueba de la peligrosidad del bolsonarismo al que habrá que neutralizar con inteligencia y sabiduría política, pero también con la aplicación de ley: Lula envió un proyecto de Ley al Congreso que busca unificar las fuerzas de seguridad que creará mecanismos de control federal sobre las operaciones regionales.

UNA JUGADA PARA DESETABILIZAR

La operación parece diseñada para eso: desestabilizar. Mostrar al gobierno federal como ineficaz. Reavivar el discurso de “orden y progreso” con olor a pólvora. Y preparar el terreno para las elecciones municipales de 2026, donde los aliados de Bolsonaro quieren recuperar poder territorial.


La operación está diseñada para  desestabilizar y mostrar al gobierno federal como ineficaz, reavivando el discurso bolsoranista de “orden y progreso” con olor a pólvora.




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