COLOMBIA
ARMERO, EL CRIMEN
DE LA INDIFERENCIA ESTATAL
Omaira Sánchez estuvo atrapada tres días en el fango. No la pudieron rescatar y falleció. El mundo contempló su agonía.
Armero no murió por el volcán. Armero murió por el Estado. El 13 de noviembre de 1985, el Nevado del Ruiz rugió y la avalancha arrasó con un pueblo entero. Pero lo que convirtió esa erupción en una masacre no fue la fuerza de la naturaleza, sino la incompetencia y la indiferencia de un gobierno que prefirió mirar hacia otro lado.
EL ESTADO QUE SABÍA Y CALLÓ
Los informes estaban ahí. Los científicos lo advirtieron. Las señales eran claras. El volcán llevaba meses enviando mensajes de alarma. Pero el Estado colombiano decidió ignorarlos. No hubo evacuación, no hubo sirenas, no hubo preparación. La tragedia fue anunciada y el gobierno la dejó entrar por la puerta principal.
LA POLÍTICA DEL ABANDONO
El gobierno de Belisario Betancur se mostró incapaz de actuar con rapidez y responsabilidad.
Las instituciones encargadas de la gestión del riesgo eran un cascarón vacío, sin recursos ni voluntad.
La respuesta posterior fue un espectáculo de improvisación, corrupción y olvido. Los sobrevivientes fueron condenados a la precariedad, mientras las élites políticas se lavaban las manos.
EL PUEBLO CONVERTIDO EN SÍMBOLO
Armero quedó reducido a un pueblo fantasma y a una imagen mediática: Omaira Sánchez agonizando bajo los escombros. Pero detrás de esa fotografía hubo miles de muertos invisibles, familias enteras borradas del mapa, sobrevivientes que nunca recibieron justicia ni reparación.
ARMERO COMO ACUSACIÓN POLÍTICA
Armero no es solo memoria histórica: es una acusación permanente contra el Estado colombiano. Es la prueba de que la negligencia mata. Es el recordatorio de que cuando el poder político se cruza de brazos, el pueblo paga con su vida.
CRIMEN POLÍTICO POR OMISIÓN
La tragedia de Armero fue un desastre natural y también fue un crimen político por omisión. Y mientras no se reconozca esa responsabilidad, el país seguirá condenado a repetir sus errores. Recordar Armero es exigir que nunca más la indiferencia oficial convierta un desastre natural en una masacre humana.
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