sábado, 28 de marzo de 2026

 MEDIO ORIENTE




INDIGNACIÓN POR CRIMEN 

DE PERIODISTAS EN LÍBANO





La periodista Fatima Ftouni de la cadena Al Mayedeen, fue una de las víctimas/SERVICIOS ESPECIALES.


Hoy 28 de marzo de 2026, cuatro periodistas fueron asesinados en un bombardeo israelí en el sur de Líbano. No se trató de un “daño colateral”, como suelen justificar los comunicados militares: fue un ataque directo contra quienes cumplen la tarea de narrar la guerra. La versión oficial israelí, que acusa a uno de los reporteros de pertenecer a Hezbolá, no borra la evidencia más contundente: la prensa se ha convertido en objetivo militar. El presidente de Líbano, Joseph Aoun condenó la agresión israelí contra la periodista Fatima Ftouni de Al Mayedeen, el periodista Ali Choelb de Al Manar, junto a su hijo camarógrafo, y el fotperiodista Mohammad Ftouni, hermano de Fatima, quienes cayeron mártires este sábado en el sur del país.


Ali Choelb de la cadena Al Manar, junto a su hijo que era su camarógrafo, han sido víctimas del sionismo.


LA NORMALIZACIÓN 

DEL CRIMEN

Cada vez que un periodista muere en un conflicto armado, los gobiernos implicados se apresuran a relativizar la tragedia. Se habla de “errores”, de “circunstancias confusas”, de “presencia en zonas de riesgo”. Pero la realidad es que el asesinato de comunicadores se ha normalizado como parte del engranaje bélico. La impunidad es la regla, y la indignación internacional rara vez se traduce en justicia.

En Líbano, este ataque no es un hecho aislado. Es parte de una estrategia del sionismo que busca controlar no solo el territorio, sino también el relato. Silenciar a los periodistas equivale a controlar la narrativa, a imponer una versión única de los hechos, a borrar las imágenes incómodas de los muertos y de los civiles heridos, y de las ciudades devastadas.

LA COMPLICIDAD DEL SILENCIO

La comunidad internacional condena, exige investigaciones y emite comunicados. Pero ¿qué ocurre después? Poco o nada. Los responsables rara vez enfrentan consecuencias. Los organismos multilaterales se muestran incapaces de garantizar la protección de la prensa, y los Estados poderosos se escudan en la retórica de la seguridad nacional.

El resultado es un círculo vicioso: los periodistas siguen cayendo, las guerras se narran cada vez menos desde el terreno, y la ciudadanía global recibe información filtrada, parcial y manipulada.


El fotoperiodista Mohammad Ftouni, asesinado. 
Era hermano de Fatima.

EL COSTO DE INFORMAR

Cubrir un conflicto en Medio Oriente se ha convertido en un acto de resistencia. Los periodistas que viajan al frente saben que su chaleco antibalas y su casco no los protegen de los misiles ni de la lógica militar que los considera “enemigos potenciales”. Informar, en este contexto, es desafiar a quienes quieren que la guerra se vea solo desde su lente.

La muerte de cuatro comunicadores en Yezín es un recordatorio brutal: la libertad de prensa no se pierde únicamente con censura o leyes restrictivas, también se destruye con bombas.

UNA PREGUNTA INCÓMODA

¿Hasta cuándo aceptaremos que la prensa sea blanco de guerra sin consecuencias? La respuesta no está en los comunicados diplomáticos ni en las promesas de investigación. Está en la capacidad de la comunidad internacional de romper la impunidad y de reconocer que atacar a periodistas es atacar el derecho de la humanidad a saber.



SIRIA/WIKIPEDIA


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