MÚSICA
RECORDANDO A ROSTROPOVICH,
EL VIRTUOSO DEL VIOLONCHELO
El 27 de abril de 2007, en Moscú, se apagó la voz de un violonchelo que había marcado el siglo XX. Mstislav Rostropóvich no fue solo un intérprete prodigioso: fue un símbolo de resistencia cultural, un artista que convirtió cada nota en un acto de libertad.
EMBAJADOR DEL VIOLONCHELO
Nació el 27 de marzo de 1927 en Bakú, Azerbaiyán. Discípulo de Shostakóvich y Prokófiev, pronto se convirtió en el gran embajador del violonchelo moderno. Más de un centenar de compositores escribieron para él, ampliando el repertorio del instrumento y otorgándole un lugar central en la música contemporánea. Su virtuosismo era inseparable de su compromiso humano: defendió a disidentes como Solzhenitsyn y enfrentó la censura soviética, lo que lo llevó al exilio.
EXILIADO EN ESTADOS UNIDOS
En Washington dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional de Estados Unidos, y en 1989, en una imagen que recorrió el mundo, tocó frente al muro de Berlín mientras caía la frontera que dividía Europa. Su arco se convirtió en metáfora de unión y esperanza.
SIEMPRE, RECORDADO
A casi dos décadas de su partida, Rostropóvich sigue siendo recordado como el violonchelista que hizo del arte un manifiesto de dignidad. Su legado no se mide solo en grabaciones o estrenos, sino en la certeza de que la música puede ser un acto de libertad.
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