martes, 30 de junio de 2026

 MEDIO ORIENTE




SIONISMO: VIOLENCIA 

Y DESTRUCCIÓN EN EL LÍBANO





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El 26 de junio, Israel y Líbano firmaron en Washington un acuerdo trilateral con Estados Unidos. Presentado como un “primer paso hacia una paz duradera”, el pacto busca contener décadas de hostilidad y meses de enfrentamientos recientes. El secretario de Estado Marco Rubio lo describió como “el inicio de un camino aún largo”, mientras que los embajadores de ambos países lo celebraron como un gesto histórico.

TABLERO DE GUERRA PERMANENTE

Los ataques israelíes contra Líbano no son un episodio aislado, sino la expresión más reciente de un proyecto político que, bajo el paraguas del sionismo, ha convertido la región en un tablero de guerra permanente. Con más de 4,192 muertos, un millón de desplazados y pérdidas superiores a los mil millones de dólares, la ofensiva revela la lógica de un poder que se sostiene en la violencia sistemática y la negación del derecho internacional.

EL SIONISMO COMO DOCTRINA DE EXCLUSIÓN

El sionismo, lejos de ser únicamente un movimiento nacional, se ha transformado en una doctrina de supremacía territorial que justifica la ocupación, el desplazamiento forzado y la destrucción de comunidades enteras. En Líbano, esta ideología se traduce en bombardeos indiscriminados, ataques a hospitales y escuelas, y la imposición de un estado de excepción permanente.


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CONSECUENCIAS REGIONALES

  • Desestabilización política: La ofensiva ha debilitado al gobierno libanés y fortalecido a actores armados, ampliando la brecha sectaria.

  • Crisis humanitaria: El éxodo masivo de refugiados hacia Siria y Jordania amenaza con desbordar la capacidad de acogida de países vecinos.

  • Economía devastada: La destrucción de infraestructura básica paraliza el comercio y condena a generaciones enteras a la precariedad.

  • Escalada regional: La confrontación con Hezbolá y la implicación de Irán convierten al Líbano en epicentro de una guerra por delegación que arrastra a potencias globales.


El sionismo, en su versión más agresiva, ha dejado de ser un proyecto de identidad para convertirse en una máquina de guerra que erosiona cualquier posibilidad de convivencia en Oriente Medio. La agresión a Líbano es el espejo de una política que normaliza la violencia y desprecia la vida humana. Condenar el sionismo no es un gesto ideológico: es una exigencia ética frente a la devastación que arrastra a pueblos enteros hacia la ruina.




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