PERÚ
FUJIMORISMO,
LA RESTAURACIÓN DEL OSCURANTISMO
Keiko con el genocida de su padre/SERVICIOS ESPECIALES
EL LEGADO QUE NUNCA MUERE
El fujimorismo es más que un apellido: es un sistema de poder que se resiste a desaparecer. Alberto Fujimori, condenado por violaciones a los derechos humanos y corrupción, dejó un modelo de gobierno basado en el autoritarismo, la manipulación institucional y la compra de conciencias. Hoy, con un resultado dudoso en la elección presidencial, Keiko Fujimori busca legitimarse, pero con las mismas prácticas de control y clientelismo que el genocida y corrupto de su padre.
LA DEMOCRACIA SITIADA
El retorno del fujimorismo implica un retroceso en los pilares democráticos:
Judicatura sometida: tribunales usados como armas políticas.
Medios comprados: propaganda disfrazada de periodismo.
Corrupción endémica: el Estado convertido en botín.
Militarización del orden: seguridad como excusa para restringir libertades.
PERÚ EN EL TABLERO REGIONAL
El fujimorismo no es un fenómeno aislado. En América Latina, donde se libra la batalla entre proyectos progresistas y restauraciones conservadoras, Perú se convierte en un laboratorio de regresión democrática. La narrativa del “orden” y la “estabilidad” es la misma que se ha usado en otros países para justificar la erosión de derechos y el debilitamiento institucional.
El fujimorismo representa un retorno al oscurantismo: un pasado que nunca terminó de irse y que amenaza con reinstalarse bajo nuevas formas. Perú enfrenta una encrucijada histórica: resistir la tentación del autoritarismo maquillado o apostar por un futuro democrático que supere la sombra de Fujimori, lo que tardará en llegar.
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