COLOMBIA
EL SHOW
Y LA INCOMPETECIA DE ABELARDO
EL POPULISMO Y LA CATÁSTROFE
El terremoto del 10 de agosto de 2026 no solo sacudió la geografía colombiana: también desnudó la fragilidad política de un país que estrenaba presidente. Abelardo de la Espriella, abogado penalista convertido en jefe de Estado, enfrentó su primera gran prueba con una mezcla de gestos teatrales y decisiones erráticas que han sido interpretadas como un show populista más que una gestión eficaz.
LA IMPROVISACIÓN COMO POLÍTICA
La negativa inicial a aceptar ayuda internacional —seguida de un giro abrupto bajo presión mediática y diplomática— reveló una ineptitud en la coordinación estatal. La creación del llamado “Fondo Milagro” y la declaración de emergencia económica fueron anuncios sin respaldo financiero claro, lo que alimentó la percepción de improvisación. En un país con déficit fiscal y una institucionalidad debilitada, la falta de un plan estructurado para la atención inmediata de grandes desastres expuso la distancia entre la retórica presidencial y la realidad de hospitales colapsados y familias sin atención inmediata.
EL ESPECTÁCULO PRESIDENCIAL
De la Espriella convirtió la tragedia en escenario político: videos dramatizados desde el avión presidencial, discursos cargados de frases épicas —“El Estado no se dobla ni titubea”— y la declaración de duelo nacional. Para la opinión pública internacional, estos actos se leyeron como una estrategia de autopromoción más que como una respuesta humanitaria.
LECTURA INTERNACIONAL
Mientras países ofrecían brigadas de rescate, el rechazo deterioró la imagen de Colombia como socio confiable. La posterior aceptación de ayuda extranjera ha sido en especie, en tanto Abelardo aprobaba tardiamente la entrada a los equipos rescatistas de El Salvador, Chile, Estados Unidos e Israel, cuyos presidentes son afines ideológicamente. La catástrofe se convirtió así en un espejo de la fragilidad institucional.
El terremoto marcó el inicio de un ciclo político en el que Colombia deberá decidir si tolera la teatralidad como sustituto de la gestión, o si exige un liderazgo capaz de transformar la retórica en políticas concretas de reconstrucción. En la arena internacional, la imagen de De la Espriella quedó asociada a la ineptitud y el espectáculo, un debut presidencial que amenaza con dejar huella más por su forma que por su fondo.
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