EL MUNDO
WASHINGTON
Y EL DISCURSO CONTRA LA IZQUIERDA
La reunión de 66 países en Washington, convocada por el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio bajo la administración Trump, constituye un hito en la construcción de una narrativa global contra la izquierda. Bajo el lema de combatir el “terrorismo político de izquierda”, el encuentro buscó articular una peligrosa coalición transnacional de seguridad e inteligencia.
UN ECO DE LA GUERRA FRIA
El discurso de Rubio evocó los fantasmas de los años setenta: Tupamaros en Uruguay, Montoneros en Argentina, Brigadas Rojas en Italia. La estrategia es clara: inscribir a los movimientos progresistas contemporáneos en la genealogía de la violencia revolucionaria, presentándolos como una amenaza global. Esta retórica recuerda la lógica de bloques de la Guerra Fría, con Washington como centro de coordinación de un frente “occidental” contra ideologías alternativas.
AMÉRICA LATINA EN EL TABLERO
La participación de países como Argentina, Chile y Bolivia refleja la alineación de gobiernos conservadores con la agenda trumpista. En contraste, la ausencia de México y Brasil subraya la resistencia de administraciones progresistas a legitimar un marco que criminaliza la oposición.
EUROPA Y LA NARRATIVA DE SEGURIDAD
Delegaciones europeas, como España, Alemania e Italia, acudieron con el argumento de reforzar la cooperación judicial. Sin embargo, críticos señalan que el énfasis en la “amenaza Antifa” invisibiliza la violencia de extrema derecha, que en varios países europeos ha demostrado ser más letal. La reunión, por tanto, no solo coordina políticas, sino que también exporta una narrativa selectiva de seguridad.
CRÍTICAS Y RIESGOS
Organizaciones civiles advierten que este tipo de cumbres pueden derivar en la criminalización de movimientos sociales y en la erosión de libertades democráticas. La etiqueta de “terrorismo político” aplicada de manera amplia abre la puerta a justificar medidas represivas contra la disidencia legítima.
La cumbre de Washington no es un evento aislado, sino parte de una estrategia más amplia de la administración Trump para consolidar un agresivo y peligroso bloque internacional contra la izquierda. Su impacto dependerá de la capacidad de los países participantes de traducir la retórica en políticas concretas, y de la resistencia de las sociedades civiles.
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