PREMIO NOBEL DE LA PAZ
OBAMA Y CORINA MACHADO,
CUANDO EL PREMIO PERDIÓ AUTORIDAD
Pocas decisiones han deteriorado tanto el prestigio del Premio Nobel de la Paz como las concesiones a Barack Obama y María Corina Machado. En ambos casos, el galardón pareció responder más a una apuesta política e ideológica que a logros concretos en favor de la paz.
OBAMA
El caso de Obama fue paradigmático. Recibió el Nobel en 2009 apenas iniciado su mandato presidencial, no por lo que había hecho, sino por lo que el Comité Nobel esperaba que hiciera. Fue un premio a las expectativas, a la imagen y al relato. La decisión transmitió la idea de que bastaba con representar una promesa para ser elevado a la categoría de símbolo mundial de la paz.
MARÍA CORINA MACHADO
Con María Corina Machado ocurre algo distinto, pero igualmente polémico. El Comité Nobel justificó el galardón por su defensa de los derechos democráticos y su lucha por una transición pacífica en Venezuela. Sin embargo, para sus críticos, el premio constituyó una intervención política internacional disfrazada de reconocimiento humanitario. Más que premiar una labor universal por la paz, el Nobel habría tomado partido en un conflicto político concreto, alineándose con una de las partes enfrentadas.
EL PREMIO,
INSTRUMENTO DE VALIDACIÓN POLÍTICA
Ambos galardones reflejaron una tendencia preocupante: la transformación del Premio Nobel de la Paz en un instrumento de validación política. En lugar de reconocer resultados verificables, acuerdos de paz o avances incontestables en la resolución de conflictos, premió proyectos, expectativas o figuras que encajan en una determinada visión del mundo.
Cuando un Nobel distingue más la afinidad política que los hechos, deja de ser una referencia moral universal para convertirse en un actor más dentro de la disputa ideológica global. Y ese es, precisamente, el problema que representan los casos de Obama y María Corina Machado.


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